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A un año de Amoris Laetitia: ¿Dónde están nuestros pastores?

Por Carolina del Río Mena, teóloga y periodista. Marzo, 2017

¿Se desvanece la novedad de Amoris Laetitia, a un año de su publicación? El documento del papa Francisco que vio la luz luego de dos sínodos sobre la familia y que ha generado discusión y disenso en diversos ambientes, ha brillado por su ausencia en nuestro país. Y cuando se la ha mencionado ha sido para decir que nada ha cambiado, que todo sigue igual. Y eso no es así.


No lo digo yo, lo dijo el Papa en su documento. ¿Por qué, me pregunto, hay tanta resistencia a abordar el tema? ¿Por qué tanto miedo? La ausencia total de propuestas de nuestra Conferencia Episcopal me lleva a pensar que el miedo a los cambios los ha paralizado, no veo otra explicación. (Leer Más)

Dios también es mujer ¿o no?

(Publicado en Carolina del Río y María Olga Delpiano, Iglesia en crisis: La irrupción de los laicos, Uqbar Editores, Santiago, 2011, 131-157)
¿Qué quiere decir una mujer cuando dice Dios? ¿Qué busca significar? Abordar hoy el problema del lenguaje sobre Dios y la praxis eclesial masculinizante es entrar en un terreno pantanoso plagado de prejuicios, temores y paradigmas tambaleantes. Sin embargo, es necesario -urgente- plantear elementos y propuestas que permitan empezar a tejer nuevas relaciones y un nuevo discurso sobre Dios utilizando metáforas femeninas, masculinas y cósmicas; hay en ello una urgencia de justicia hacia las mujeres y, más que nada, hacia Dios mismo..

La actual crisis que atraviesa nuestra Iglesia es grave, qué duda cabe. Se han roto confianzas, se ha cortado el vínculo emocional de muchos con sus pastores, se han despedazado esperanzas, sueños, imágenes, expectativas… Se está desmoronando –en buena hora- el halo sacrosanto que envolvía la condición sacerdotal para hacer emerger ¡por fin! una verdad tan esencial como obvia y olvidada: los sacerdotes son humanos y, como tales, están sometidos a las mismas pasiones, conflictos y dudas que toda la humanidad. Pero, a diferencia de la gran mayoría de ésta, el imaginario sacerdotal les ha conferido poder y parecía alejarlos de las debilidades de todos. No es así.

A la luz de los dolorosos episodios de abusos conocidos, me pregunto ¿Y si las mujeres tuviéramos más participación en la estructura eclesial? ¿Y si tuviéramos voz y voto? ¿Y si pudiéramos incidir en la formación de los sacerdotes? ¿Y si nos escucharan más y nos normaran menos? ¿Algo de esto podría haber sido evitado o enfrentado de otra manera? Tal vez, pero lo que sí es un hecho es que las mujeres hemos estado desde hace tiempo alertando de los peligros de una jerarquía con poder exclusivamente masculina, y de una religión masculinizada. (Leer más)

La esperanza en el dolor

El más grande misterio de la vida, de la nuestra, es sin duda, el dolor. No conjugan bien el verbo amar de un Dios creador bondadoso con el verbo sufrir de tantos, de demasiados. Es en este quicio, decisivo y radical, donde se puede oír sutilmente el latido de la esperanza cristiana de la vida o el gemido desgarrador de la ausencia densa de un dios que dice amar y que parece que no ama. 

El más grande misterio de la vida, de la nuestra, es sin duda, el dolor. No conjugan bien el verbo amar de un Dios creador bondadoso con el verbo sufrir de tantos, de demasiados. Es en este quicio, decisivo y radical, donde se puede oír sutilmente el latido de la esperanza cristiana de la vida o el gemido desgarrador de la ausencia densa de un dios que dice amar y que parece que no ama. No hay, me parece,

un mejor contexto para hablar de la esperanza que el dolor. Ser adultos en la fe supone hacerse cargo del grito del sufriente —el del mismo Nazareno traspasado y el grito propio y el del otro—


  y escudriñar hasta que sangren las manos, ¡¿dónde está Dios?!… y a dónde va a dar el aullido final de Aquel que confió en su Abbá.

¿Cómo hablar de Dios en medio del dolor? ¿Cómo decirle al que sufre “Dios te ama”? ¿Qué sentido tiene Dios para el que está sufriendo? ¿A quién eleva su plegaria el que llora en medio de la oscuridad? ¿Cómo decirle al Cristo traspasado confía en el Señor, “eres definitivamente amado, suceda lo que suceda? (Leer Más)

Dios y sus mujeres, todas

Por Carolina del Río Mena, Teóloga feminista y periodista. A propósito del día internacional de las mujeres, 2017 (Teología para laicos)
La teología del siglo XXI no puede seguir ignorando a los movimientos feministas, uno de los fenómenos socio-culturales más destacados de la época. Las mujeres hemos irrumpido en el mundo social, cultural y político. También lo hemos hecho en el mundo teológico constituyéndonos en una novedosa novedad. En general las mujeres hemos sido objeto de estudio entre los teólogos varones, habitualmente sacerdotes, que escriben acerca de nuestra dignidad, identidad y misión. Por primera vez se vive el fenómeno de mujeres como sujetos teológicos. ¡Las-teólogas-mujeres-escribimos-sobre-mujeres! (y sobre otras cosas, por cierto).

 En este día internacional de las mujeres nos haría bien recordar que la novedad del discurso de las mujeres sobre Dios es que se alza desde una experiencia histórica de invisibilidad y silenciamiento, de muchos tipos. Y dada esa experiencia, para nosotras, Dios es liberación, voz, gracia, fuerza para resistir, integración, dignidad. El hombre, en cambio, cuando dice Dios se identifica -incluso sexualmente- con un “padre”, con el poder, porque habla desde la semejanza, “la igualdad”. La experiencia femenina de Dios no sólo es experiencia amorosa y de libertad. Es, ante todo, una experiencia de fe. .

Esperanza Bautista, teóloga española afirma: “La mujer tiene la conciencia de un “Otro” que trasciende y subyace en la realidad cotidiana que ella vive, un Dios con el que puede establecer una relación dialogal que le interesa más que saber qué o quién es. Y esto la lleva a experimentar a Dios con-pasión y como una pasión, una pasión de libertad y misericordia amorosa, porque a pesar de esa realidad cotidiana en la que parece que el Dios masculino hace todo lo posible por apartarla de su camino, no consigue lograrlo”.

 ¿Cuál es el modo adecuado de hablar de Dios considerando la paulatina toma de conciencia de la dignidad de las mujeres? Nuestra auto-percepción femenina ha estado condicionada (dañada, incluso) por la interiorización de las imágenes y roles que se nos han asignado desde el mundo masculino. (Leer más)

Otras Publicaciones

Llama de Amor Viva no es una mera especulación intelectual del amor entre Dios y su criatura. Surge de la aspiración profunda y radical de Juan de la Cruz de alcanzar la unión con Dios; brota a borbotones de su experiencia religiosa-mística, de su búsqueda y su recorrido vital; recorrido con Noche oscura y Llama amorosa. Este amor buscado y anhelado, esa unión de “sustancia con sustancia” es el deseo que mueve al místico en su camino espiritual como un proceso en el que la misma necesidad de Dios, de la unión profunda con Él y en Él implica un desaparecer del “yo”, del suyo, para llegar a ser lo que Dios es. No llegar a ser Dios mismo, sino lo que Él es, llegar a hacerse a su semejanza… (Leer Más)

Cuando María Luisa Bombal comentó con Borges el proyecto de su próxima novela, éste le dijo es imposible, es demasiado difícil. Al poco tiempo se publicaba en Buenos Aires La Amortajada. Esa obra demasiado difícil había nacido y la parturienta, una chilena avecindada en Argentina, hacía escribir a Hernán Díaz Arrieta, el conocido crítico literario, Alone, “No se ha escrito en Chile prosa semejante y, después de los poetas máximos, sólo buscando mucho en las letras universales podría encontrársele paralelo.”

El ambiente literario del Chile de la primera mitad del siglo XX excluía a las señoritas de escena. “Como el fútbol o el burdel, el campo literario de los años 30 y 40 era un espacio de socialización masculina caracterizado por la exhibición y legitimación ante otros. (Leer Más)

En medio de un mundo plural, diverso, contradictorio y cambiante ¿puede el cristianismo alzarse como religión “absoluta”? Cuando las fuerzas que animan la época son la libertad personal a toda costa, la autodeterminación y la tolerancia ¿Es razonable que el cristianismo siga afirmando que es la única verdad para todos los hombres y mujeres? ¿Cómo hablar de la pretensión de absolutez del cristianismo en una época eminentemente pluralista? Con estas preguntas incómodas se abre la larga explicación de Reinhold Bernhardt y se inicia un camino árido a ratos, pero iluminador siempre. Si, como se pregunta el autor protestante, el cristianismo ya “perdió su carácter vinculante universal, garantizado hasta entonces por la autoridad eclesiástica” ¿No sería más razonable claudicar de esa pretensión y ajustarse a los nuevos tiempos? (Leer Más) 

El más grande misterio de la vida, de la nuestra, es sin duda, el dolor. No conjugan bien el verbo amar de un Dios creador bondadoso con el verbo sufrir de tantos, demasiados. Es en este quicio, decisivo y radical, donde se puede oír sutilmente el latido de la esperanza cristiana de la Vida o el gemido desgarrador del vacío, de la ausencia densa de un dios que dice amar y que parece que no ama. No hay, me parece, un mejor contexto para hablar de la esperanza que el dolor. En los tiempos de bonanza el drama de la vida pierde sus contornos; creemos que cuando todo marcha bien, Dios ¡obvio! está presente. Pero basta un sablazo doloroso para que se derrumben hasta los cimientos todas las seguridades, y tanta ingenuidad y ligereza. Ser adultos en la fe supone encarar el dolor sin eufemismos ni trampas. Supone hacerse cargo en libertad del grito del sufriente -el del mismo Nazareno traspasado, y el grito propio y el del otro- y escudriñar, escudriñar hasta que sangren las manos, ¡dónde está Dios! (Leer Más)

Este número de ERASMUS explora diversos temas teológicos desde la perspectiva del genero. Esto podría no ser una novedad si se considera que dicha categoría de análisis se instalo. (Leer Más)